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martes, 3 de junio de 2014

EMI publica video de Los Beatles en Australia, de 1964


El 11 de junio de 1964, los Beatles aterrizaron en el aeropuerto de Sidney para ofrecer una serie de conciertos en Australia, ahora EMI publica un increíble documental.

Durante este mismo periodo del año, más o menos hace unos cincuenta años, John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr llegaron a Australia para actuar, por primera y última vez, en las ciudades de Adelaida, Sidney, Melbourne y Brisbane.

El manager del grupo, una vez terminado el mini tour en la isla, Brian Epstein, prometió que los Beatles volverían nuevamente en las tierras de los canguros pero no fue así.

EMI Music Australia, para celebrar ese aniversario del único viaje de los Fab Four ha publicado online el documental “The Beatles – 1964 Australian tour highlights reel”.

Se trata de un vídeo con interesantes momentos del tour, como cuando en Adelaida los Beatles tocaron delante de 300 mil personas.

El último concierto de los Beatles, como grupo, se celebró dos años más tarde, en el Candlestick Park de San Francisco, el 29 de junio de 1966, un año antes del fallecimiento de Epstein.

Interesante recordar que los dos primeros conciertos de los Beatles en Australia se realizaron sin el batería Ringo Starr, obligado a quedarse en la cama por culpa de una grave forma de faringitis y tonsilitis: el session drummer londinés, Jimmie Nicol, sustituyó a Ringo sin problemas. Durante ese año, Nicol actuó con la más famosa banda del mundo en ocho conciertos distintos.  musicanueva.es




martes, 27 de noviembre de 2012

Beatle por 10 días: Jimmie Nicol

La foto es una versión pop de la historia de Cenicienta. La mirada perpleja del joven de 24 años que espera el avión en el aeropuerto de Melbourne (Australia) es una forma elocuente de grito silencioso: el sueño ha terminado, no hay retorno.

Durante los diez días previos al de la imagen (14 de junio de 1964) Jimmie Nicol había vivido dentro de una violenta y deliciosa fantasía. Como en uno de esos concursos donde permiten al ganador hacer realidad todos los caprichos en un plazo cerrado de tiempo para luego regresar a la contingencia diaria, Nicol había formado parte del grupo de seres humanos más famosos del planeta: los Beatles.

Contratado de la noche a la mañana cuando el batería Ringo Starr sufrió una feroz infección de amigdalitis y tuvo que ser ingresado en una clínica, Nicol fue el parche de urgencia reclutado por el agente Brian Esptein para que la caja registradora del cuarteto no dejase de funcionar en la cúspide de la beatlemanía.

Fue fichado por teléfono el 3 de junio. Al día siguiente tenía que incorporarse. Aceptó, por supuesto. Excepto una simbólica protesta de George Harrison (“si no va Ringo, yo tampoco”), nadie puso en tela de juicio la decisión y el grupo tragó. Epstein no sabía conjugar el verbo cancelar y los Beatles no sabían decir no a su ávido agente.

A Nicol le cortaron el pelo a lo mocker, le dieron permiso para que usara los uniformes beatle de Ringo (los pantalones le quedaban cortos, pero no era plan encargar prendas nuevas para un mercenario), eliminaron de las actuaciones I Wanna Be Your Man, la canción que cantaba Ringo (no se notó demasiado, los conciertos de los Beatles eran de solamente once temas, que pasaron a ser diez) y lo soltaron en la arena del circo.

Fue un beatle en ocho actuaciones en Australia —donde el grupo fue recibido por la mayor multitud que congregó nunca: 300.000 personas— , Hong Kong, Dinamarca y Holanda. En este país también participó en un programa de televisión e incluso fue entrevistado:



“Mejórate, Ringo. Jimmie está usando todos tus trajes“, telegrafió John Lennon al postrado batería oficial. Paul McCartney no llegó a tanta ironía e hizo uso de la portavocía de carita guapa del grupo: “Jimmie no deja de mirar a las fans y se olvida de tocar la batería”.

Los diez días de Nicol como beatle dejaron cicatrices. El músico no pudo superar la sensación de que había salido del mundo real, caído en una fantasía de veneración ciega, fama sideral y admiración sin condiciones para ser arrancado de ella y arrojado de nuevo a la vulgaridad de la vida.

La mañana en que la reincorporación de Ringo acabó con el sueño, Nicol salió temprano hacia el aeropuerto de Melbourne. Los demás beatles dormían y no se atrevió a despertarlos para despedirse.

Jimmie Nicol, en el 2005
Antes de dejar el hotel, Epstein le dió un cheque de 5.000 libras esterlinas y un reloj Eterna-matic en el que había encargado que grabasen: “De los Beatles y Brian Epstein a Jimmie, con agradecimiento y gratitud”.

Ahogó la confusión con un tren de vida loco y nueve meses después de ser un beatle temporal, se declaró en bancarrota.

Siguió tocando en proyectos tan absurdos como mediocres (entre ellos un grupo mexicano que intentó vanamente abrirse hueco en el mercado del bossa nova) y se buscó la vida con una empresita de reformas de viviendas.

Desde hace más de quince años, Jimmie Nicol vive recluido en su casa de Londres.  20minutos.es